Daniel Barros Grez
Daniel Barros Grez (1834-1904) fue un escritor, dramaturgo e ingeniero civil. Admeás, se desempeñó como parlamentario.
Biografía
Nació en Colchagua en 1834, hijo de Manuel Barros y Concepción Grez.[1]
Se educó en el Instituto Nacional hasta 1850, cuando obtuvo el título de ingeniero civil. En el ejercicio de su profesión dirigió la construcción del pasaje Mac-Clure, las iglesias de Rauco y Curicó, el púlpito de la de Santo Domingo de Talca y la parte exterior de la cárcel de esa ciudad. Asimismo, entregó al uso público los caminos de Teno y el de La Obra en Curicó.[1]
En 1875 obtuvo el primer premio en la Exposición Nacional por su invento mecánico para distribuir aguas de regadío. En 1885 fue llamado por el Gobierno de Ecuador para surtir de agua potable a la ciudad de Guayaquil.[1]
Carrera literaria
En el ámbito literario, publicó numerosas obras, destacándose entre ellas la novela El huérfano, el romance Pipiolos y pelucones, el drama La dictadura de O'Higgins, las comedias El vividor, Como en Santiago, La colegiala, El testarudo, y la leyenda Cuatro Remos. Su pieza dramática El ensayo de la comedia obtuvo el segundo premio en el certamen literario del Ateneo de Lima en noviembre de 1886.[1]
En 1873 perteneció a la Academia de Bellas Letras. Colaboró en numerosos periódicos, entre ellos La Voz de Chile, El Ferrocarril, El Mercurio, El Correo Literario, La Revista Chilena y La Lectura.[1]
La Biblioteca Nacional de Chile dice sobre la obra de Barros Grez:
[Es] considerado por muchos críticos como uno de los fundadores del teatro chileno, centró su escritura dramática en una aguda observación de los tipos sociales y las costumbres de la vida republicana de fines del siglo XIX, lo que ha llevado a la publicación de numerosos artículos de prensa y notas críticas sobre su obra. Proponiendo al espectador una amplia galería de arquetipos formada por pícaros, enamorados, damas virtuosas y políticos corruptos, representa en escena los vicios y virtudes de la joven sociedad chilena, convirtiendo sus comedias de costumbres y demás obras dramáticas, como La iglesia y el estado: fantasía trágica en un acto, en una punzante crítica a la idiosincrasia nacional de la época, sus hipocresías y desventuras. Su producción teatral tiene una de sus cumbres en la obra Como en Santiago, que muestra la maestría del autor en el retrato social del que suele alimentarse, y que por esta misma calidad sigue siendo representada en las tablas nacionales a pesar del tiempo transcurrido desde que fuera escrita.[2]
Referencias
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